dijous, 8 de novembre de 2012

¿Habrá Megalópolis en el Futuro (III)?

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estimados lectores o lectoras: 

Pues nada, no perdamos el tiempo, y vayamos de cabeza :-) a ese texto del futuro con el femenino como genérico del lenguaje. 
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Caminar por las calles de nuestra ciudad puede resultar (vaya, nos resulta), la mar de entretenido. Claro, mayoritariamente lo hacemos por las de la ciudad subterránea, las únicas de libre acceso, y por las que a menudo solemos ir en pelotas dado que la temperatura está regulada para permitirlo, si bien cierta conspicua y numéricamente nada desdeñable parte de la población, aduciendo sistemáticamente que hace más bien fresquito aunque su sudor desmienta tal aserción, para nada renuncia a seguir luciendo sus lindos modelitos y tal. 

Si bien cuando los trayectos a recorrer son muy largos hacemos uso de los patines, las bicicletas o del trasporte público sobre raíles, como raramente tenemos prisa para nada, si calculamos que el desplazamiento no nos va a llevar más de media hora, o nos sobra el tiempo, o simplemente nos apetece, nos echamos a la jungla, y nos sumimos en el mar de personas que habitualmente las ocupa, y cuando vamos solas difícilmente nos resistimos a la tentación de entrar en una, aunque sana, poco disimulada competición con el resto de paseantes solitarias, para ver quien es más rápida, sí, pero sobre todo para ver quién es capaz de efectuar las mejores trazadas, aparte del caso particular de quienes en todo momento van jugueteando con los dibujos geométricos de variado colorido y diseño que, para darles más alegría, aquí y allá salpican las calzadas, con dos bandos rivales incapaces de forma alguna de comprenderse entre ellos, el de quienes van pisando o pisoteando todas estas marcas de la calle, y el de quienes no pisan ninguna así las maten. Confieso que yo soy de estas últimas. 

Luego están los huecos de los omnipresentes árboles que invaden todas nuestras calzadas peatonales, como no cabía esperar menos de una sociedad que tan desarrollado tiene todo lo relacionado con los cultivos hidropónicos, huecos que soy de las poquísimas personas que no dudamos en pisarlos si con ello podemos mejorar la trazada o esquivar a otras transeúntes, siendo ello no obstante correcto desde el punto de vista de este juego del desplazarse, no cayendo en "falta de pie" salvo en el caso de que en tal hueco de árbol que pisemos haya arraigado algún pequeño brote de vete a saber qué encantadora vida vegetal. 

Cierta parte de la ciudadanía solicitó que, para facilitar el tránsito, tales huecos se cubrieran con algún tipo de material, pero ganamos quienes dijimos que nos gustaba más, por darle ello un aspecto más natural, que el pie de los árboles estuviera rodeado de tierra que no de madera, cemento o metal.

Aunque no descalifican las maniobras que, a fin de esquivar o rebasar transeúntes, se puedan efectuar apoyándose o ayudándose físicamente con los árboles o el mobiliario urbano en general, ello supone una sanción, técnicamente "toque de red con pérdida del punto", porque si bien bajo según qué circunstancias puede no sancionarse el simple roce con los vegetales, no está permitido en cambio (por más que tan solo sea con el zurrón o bolso), ni siquiera rozar los elementos urbanos, bancos, indicadores y demás. Entre las humanas sí se permite el roce si es de todo punto accidental, aunque si se llega a la colisión, entonces se sanciona a quien la provocó, cargándola con un "break", "break" que se otorga a quien la padeció. 

Nuestros móviles, con capacidad de reproducción tanto de audio de alta fidelidad como de secuencias o imágenes realmente tridimensionales, y por supuesto dócilmente manejables mediante la voz, entre otras muchas funciones también pueden ejecutar la de medir con precisión de milímetros cuánta distancia real hemos recorrido, o cuánto hemos perdido o ganado respecto a lo que habría sido el trayecto si se hubiese caminado en todo momento por el centro de la calle sobre la línea amarilla que marca el denominado "trayecto neutral". 

Estos datos se suelen compartir y enviar a la Red, quien automáticamente nos comunica si hemos batido algún récord personal, local, o mundial, la posición que hemos ocupado en el ránquing colectivo, y todo tipo de datos chorras así, pero que te sirven para constatar si desplazándote has tenido un buen día o solamente uno normal. 

Ganarle quince metros al trayecto neutral significa obtener un "break", y se padece uno si se pierden esos mismos quince metros, o nos vemos detenidas por atascos más de 1'49 segundos, o se corretea durante más de 3'49 segundos en más de tres ocasiones en el transcurso de la excursión, o... Bien, el reglamento concreto es bastante complejo, así que vamos a dejarlo aquí antes de liarla más.  

Claro, para terminar de completar el seguramente en apariencia posible escaso encanto de este juego, he de aclarar que, en numerosas de estas calles y avenidas, se simultanea la presencia real de seres humanos con proyecciones de imágenes tridimensionales que intentan reproducir el desatentado tráfico de vehículos particulares que también nos asoló a nosotras en su momento, aunque por lo menos la locura fue a base de cacharros esencialmente eléctricos. 

El caso, y a lo que voy, es que si, por más leve que sea la cosa, eres "rozado" ni que sea levemente por cualquier vehículo virtual a motor, pasas a padecer un clamoroso break si el "automóvil" o "moto" cumplía las normas de tráfico, break que te es de inmediato comunicado por el móvil, aparte de que circunstancias así pueden llegar a provocar algún "accidente" o atasco, por supuesto exclusivamente virtuales, que a veces pueden llegar a ser fascinantemente espectaculares. Cuando, por el contrario, el "vehículo" infringía alguna de las normas de tráfico, e independientemente de que una también las estuviera "incumpliendo", el break pasa a ser a favor del peatón, privilegio que le corresponde por ir completamente "desarmado", es decir, sin incorporar motor ni siquiera rueda alguna. 

Las viandantes que no desean participar en el juego ni interferir más allá de su presencia física en el de las demás, simplemente pasan a off su opción de juego, y a veces se divierten tanto viéndonos triunfar como, en su caso, fracasar, momentos en los cuales nos suelen felicitar o abuchear, según corresponda. Bien, o mucho más habitualmente, quienes no participan ignoran a quienes sí que "jugamos", cosa que es de lo más natural. 

Por más pueril que pueda parecer todo esto, que ciertamente no es que lo parezca, es que sin duda lo es (lo que sin embargo tampoco le resta valor alguno, hasta ahí podríamos llegar, ni le quita capacidad adictiva), el caso es que entre esto y lo otro y lo de más allá, encontramos bastante divertido lo de caminar por estas calles tan repletas de gente, siempre pendientes de esquivar cualquier tipo de tráfico frontal o lateral y demás. 

Así es, calles abigarradas de gente, hasta el extremo de que, en su momento, algunas mentes desatentadas también propusieron instalar, en esta nuestra Ciudad actual, semáforos peatonales, idea que fue de inmediato rechazada con ira y aviso de desobediencia civil por la inmensa mayor parte de la ciudadanía, ya que otro nada menospreciable encanto del placer de andar por nuestras calles consiste en que, una vez cogida la adecuada marcheta y si se es lo suficientemente hábil, se puede caminar y caminar indefinidamente sin parar, mientras adelantamos o nos cruzamos con tanta agraciada fisonomía como las pueblan. 

Y encima, sabiendo que con una cosa tan sencilla como este caminar, y realmente sin gran esfuerzo, ayudamos a mantener tanto la sostenibilidad medioambiental como la propia vigorosidad que nos caracteriza. Nada exagerado tampoco esta vigorosidad, nuestras musculaturas exhiben un nivel de desarrollo y una consistencia normales, lo natural, nada desproporcionado o exagerado que tampoco tendría sentido. 

A esta forma de caminar tan enérgica y competitiva la denominamos hacer "senderismo urbano", y cuando alguna cuestión social o tema candente de importante transcendencia acapara nuestra atención, es frecuente que, al pasear, nos pongamos un pañuelito al cuello cuyo color indique hacia dónde va más o menos nuestra opinión y posición, llegando a veces incluso (si bien siempre andando, pues corriendo sería ya una actividad no exenta de riesgo), a pasar a desplazarnos lo más velozmente posible formando, con quienes portan el distintivo del mismo color que el propio, cadenas humanas más o menos largas. A las niñas sí que se les permite correr en cadenas, pero solamente hasta que cumplen los trece años. 

Si realmente somos mogollón quienes llevamos un pañuelito del mismo color, y vemos que podríamos entrelazar cadenas y así, poco a poco, ir encerrando y colapsando el tráfico de la ciudadanía, avisamos de en qué día en concreto lo pensamos hacer, y en tal fecha intentamos, a veces con éxito, retener y rodear al resto de nuestras pacíficas conciudadanas, a quienes no dejamos salir hasta que, siempre de buen rollo, nos den su opinión concreta, pero siempre sincera, sobre el debate que haya provocado que llegáramos a tales extremos. 

Nadie se lo toma nunca a mal, y por supuesto que, si se empeñan, dejamos salir a la gente sin que nos digan si piensan que rojo, azul o amarillo, pero la inmensa mayoría suelen siempre opinar, que es de lo que se trata, y encima muy frecuentemente hasta nos dan las gracias, tanto por haber planteado el tema como por nuestra determinación en socialmente debatirlo. A las niñas, claro está, las dejamos en todo momento filtrarse ágil y libremente hacia y por donde quieran sin que tengan que dar ningún tipo de explicaciones, pues acudir acuden porque se lo suelen pasar bastante bien, y también ahí aprenden dialéctica, lo que es bastante importante. 

Personalmente, y siempre andando, a veces también juego, cosa tonta donde las haya, a caminar por la senda del Sol, que consiste en, a la hora del atardecer, avanzar con tal estrella a mis espaldas hasta que al final, por ponerse el astro ya del todo, su luz empieza a, de abajo a arriba, no poderme alcanzar, momento en el que confío en que, como nos quiere tanto, alguna parte de mí será elevada junto con su luz por encima de esta, aunque querida, tan material Tierra. 

Muy lírico, ñoño o romántico, lo sé, y también me temo que también absurdo porque, para empezar, raramente puedo jugarlo con el Sol realmente de verdad, y menos mal que no le da por seguir tal juego sino a unas pocas tronadas como yo porque, sí no, a los atardeceres se organizaría cada día un atasco unidireccional de madre y muy señora nuestra. 
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saludos, Salud y Solidaridad. 
ET & forrest gump. 
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1 comentari:

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    La huelga de hambre que llevan a cabo diversos trabajadores de la empresa movistar telefonica, en Barcelona (compañeros directos míos de mi época en activo en esa empresa), no me deja tiempo casi ni para que "vivan" mis blogs, así que lamento el retraso en la publicitación de los dos nuevos post aparecidos hasta ahora en el transcurso del mes de noviembre en el blog CarshOil. Y, desde luego menos aún, para personalizar esta entrada gran cosa dependiendo del blog :-)

    Lugar estelar ocupa, qué duda puede caber de ello, la versión "post" de la entrevista televisiva que el conocido y popular presentador catalán, Jaume Barberà, le realizó a Antonio AMT en su programa "Singulars" del canal oficial "Canal 33" el pasado martes, post que, definitivamente, le aclarará cualquier tipo de duda básica que cualquiera pudiera abrigar desde su emisión, aparte de, así, facilitar la difusión para la gente hispano hablante.

    Anteriormente, Rafael Íñiguez nos aportó la tercera parte de su cuidadoso estudio sobre el desarrollo y la viabilidad reales asociados específicamente a la energía eólica, Tendiendo puentes sobre la Garganta de Olduvai (III), un excelente trabajo que nadie interesado en ese importante y emergente campo de generación energética puede perderse, máxime teniendo en cuenta lo que esa fuente de energía representa de cara al presente y el futuro.

    Pues me parece que ya está todo :-) !!

    saludos cordiales.
    forrest gump.
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