dijous, 30 de maig de 2013

Año 28.251: Acerca de nuestras Gestoras Electas y el Mundo Laboral

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inglishpitinglish.wordpress.com
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estimados lectores o lectoras: 

Nunca, hasta ahora, me había sucedido que el ser buena persona me acarreara problemas de relieve. Sin embargo, el infierno en el que vivo sumido actualmente, a diferencia de lo que había sucedido siempre, ha venido provocado por serlo, ser sincero, aceptablemente buena persona, abierto a los buenos y positivos sentimientos, e intentando siempre construir con los y las demás, sin nunca embarcarme en una empresa reivindicativa estrictamente personal. 

Yo comencé a comentar en The Oil Crash más o menos en julio de 2.011, y allí expliqué, con mi franqueza y desparpajo habituales, que era una persona rayana en la ancianidad, muy hablador, y con un cierto nivel de trastorno psíquico o en mi personalidad. 

Pues bien. Se ve que mis comentarios, profusos, en general no gustaban nada a nadie. Sin embargo, ni nunca explicaron el por qué de ese no gustarles, ni tampoco supieron rebatir ninguna de mis múltiples y numerosas afirmaciones siempre pormenorizadamente razonadas. Y a la cabeza de quienes estaban hartos de mí y de mi colaboración, su bloggero mayor, mi sobrino (aunque ya dudo que lo sea) Antonio María Turiel Martínez. 

Bueno, ¡qué se le va a hacer!, un pelma que se ha "instalado" en un blog. ¿Y? ¿No es un pariente directo, concretamente un tío carnal, del bloggero mayor? ¿Y no se trata de alguien, obvio era, que valoraba especialmente la franqueza y el llamar a las cosas por su nombre? Entonces: ¿por qué mi sobrino no me dijo directamente que estorbaba, y yo ya me hubiera retirado sin decir prácticamente palabra? 

No, no, déjense de historias. Yo tenía con él un bastante abundante intercambio epistolar, y mi participación en el blog, como esos mismos numerosos emails, habrían podido cesar como por ensalmo con que tan sólo me lo hubiera dicho directamente y sin tapujos (tal cual afirmaba ser también él), pues por docenas de veces tal cosa le había dicho y prometido, incondicionalmente, desde el principio. 

Sin embargo, él optó por otra solución. No entiendo qué puede haber salido ganando nadie con ello, excepto los mercenarios, claro. Pero ahí, aquí está, al menos para mí, el final del trayecto: él me desea definitivamente loco y encerrado en una prisión o psiquiátrico, donde, o bien los propios presos o el sistema de "salud" general, me matarán,  y yo ya estoy definitivamente bien encarrilado para ello. 

Él, y su padre, y todos quienes (tampoco tantos, pero sí los poderes del Estado) han participado en este asedio y esa creación de imputaciones absolutamente falsas, sabrán por qué lo han querido hacer así. Pero, a falta de otra explicación, y vistas las vías seguidas, pocas dudas caben sobre que lo que les ha movido ha sido la materialidad de hacerse con el control de todo mi dinero, el mismo que, generosa o dadivosamente, y a cambio de nada, ya le ofrecí dejarle en herencia. Se ve, sin embargo, que no puede, que no pueden esperar tanto. 

Lo tienen fácil y nada hace prever que no consigan quedarse definitivamente con todos los derechos sobre mí, alegando, como así harán, que mi compañera es una inútil, o alguien que se deja llevar por los senderos ajenos con extrema facilidad, y que al ser mi hermano un muy respetado político, y mi sobrino el pariente biológico más cercano, lógicamente, en un acto de piedad y solidaridad familiar que los honra, perdonándome magnánimamente todos los agravios que les he infligido a lo largo de sus valiosas y superiores vidas, como buenos samaritanos se harán cargo de mi custodia, de la de mis bienes, y de los, eso ya mucho más hipotéticos, posibles derechos de autor, algo que yo tampoco busco, pues deseo que todo el mundo copie los contenidos, casi que hasta pagaría porque los copiaran... 

¡Enhorabuena!, saben jugar perfectamente ese juego, y oye, pues nada, ¡qué mas da! Por mi parte, he jugado a lo que me impusieron durante un razonable tiempo, no me ha gustado nada, y me borro ya de él, no tiene nada de divertido, y mi compañera teme, con razón, que a fuerza de jugarlo y jugarlo termine siendo tan malvado como mi hermano y mi sobrino. Y tiene razón, que se dedique a ser un hijo puta y a hacerle putadas a la gente quien sea o quiera, incluso aunque los blancos fueran mis propios agresores, porque yo ya estoy harto, y abandono, da directamente asco. 

Y oye, pues eso, que como ese juego no me gusta nada, y el mundo en el que vivía efectivamente me lo han desmantelado ya para siempre, pues bueno, que hagan o haced lo que quieran, y esto vale para absolutamente todo el mundo o  todas las instancias institucionales que en el mundo mundial puedan existir. 

Vivo en un mundo en el que. entre unos y otros, ya se ha convertido en delito hasta el ser bueno y honrado, sincero, directo, comprometido, generoso o simplemente rumboso, o cualquier otra cualidad que, por sí misma, pueda facilitarle o alegrarle algo más la vida a cualquiera. Por otra parte, no me gusta ese maldito juego de ser malo, así que, ¿qué opción me queda, sino la de la directa locura? 

Ustedes ganaron, es un hecho, y no descarto mi autoingreso voluntario en alguna institución psiquiátrica. Sin embargo, seguramente ya ni me quedará esa opción, dado el cerco asesino que cada vez más opresivamente va cercenando mi vida emocional y hasta la física. Pero me da igual ya, nada me importa cualquier posible encausamiento, juicio o cualquier otra formalidad de las que tan bien describió Kafka en su "El Proceso", porque me sé muerto, pues socialmente ya he sido condenado y ajusticiado, ¿qué más me da lo que pueda hacer ahora ya quien sea o lo que sea? 

Y mientras llega mi ansiada liberación, pues nada, sumido el palacio en la ruina tras el terremoto, mi compañera y yo, al menos, ya nos hemos montado, con los escombros que hemos podido manejar, un pequeño chamizo en el que, al menos, podremos resguardarnos algo de las inclemencias más extremas, y, además, sabemos que, por lo menos, ahí seguimos y seguiremos estando, más que siempre, los dos. 

Y tenemos a nuestro alcance un arma terrible, de destrucción masiva: sabemos que cada vez que seamos capaces de arrancarnos mútuamente una sonrisa o una risa sinceras y francas, estaremos inflingiéndole a esos desalmados una derrota allá donde quiera que se hallen, eso no nos lo han conseguido terminar de destruir o arrebatar, y con esa defensa resistiremos mejor y menos infelizmente cualquier acoso. 

Sólo os pido una cosa, y no es para mí, sino para ella; defendedla, defendedla a muerte, ella sí que no ha tenido ninguna culpa en nada de esto, y ha sido, sin embargo, tanto o más víctima que yo.  Defendedla, o ¡qué digo mejor!, vengadla, vengadla, os va vuestra tranquilidad de conciencia en ello, ya que no supisteis defenderme a mí. 

Normal, por tanto, que, a escala personal, siempre añore ese mundo de 28.251, del que os dejo, ahora, otro trocito: genérico del lenguaje, el femenino :'-|  
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Siempre se hila o hilamos muy fino en todo lo concerniente a la Administración Redistribuidora, y si estimamos que procede, nunca dudamos en pedirle responsabilidades si no alcanza los mejores objetivos posibles sea en el campo que sea, Pero claro, esto de pedir responsabilidades no deja de tener su punto contradictorio, porque la Administración Redistribuidora somos en realidad todas las ciudadanas mayores de edad, con lo que resulta que somos al mismo tiempo críticas y corresponsables de su óptimo funcionamiento, trabajemos en el sector público o en el privado, o seamos ociosas. 

Así que, para salir del atolladero y practicar la humana virtud de, a veces y con total desparpajo, rehuir nuestras propias responsabilidades, al final muchas veces optamos (de forma bastante frívola, la verdad, además de liviana e irresponsable) por directamente echarle la culpa a las políticas de turno, y todo solucionado. 

Ya, díganme que no. Pero si además es normal, y lo de, con motivos o sin ellos, una y otra vez sentirnos felizmente decepcionadas por la actuación de nuestras gestoras electas es obvio que forma parte de los derechos inalienables de la ciudadanía. ¿De quién te vas a quejar, si no? 

Ahora bien, y dicho sea todo de paso, es que, con sus actos, nuestras estimadas representantes así designadas a menudo también colaboran activamente a que se les tenga en tanta estima. Será, quizá, porque, en su constante objetivo de procurar siempre satisfacer nuestras demandas, ponen su más denodado empeño en no defraudar nuestras expectativas en esa y concreta tan poco favorable faceta de la sistemática decepción con la que esperamos que nos deleiten. En fin... 

Bien, siempre se puede intentar derrocar o destituir de responsabilidades públicas a cualquiera de nuestras políticas en cualquier momento, sin esperar a las elecciones generales ordinarias, que son cada tres o cinco años, según se haya decidido por la ciudadanía en los anteriores comicios. Como ahora estamos en una fase más estable, esta vez el período es el de cinco años, y aún faltan tres para las próximas. 

Se consigue enviarlas para casa cuando el margen entre quienes la rechazan y quienes la apoyan alcanza una cifra, variable pero siempre sustancial, de esa ciudadanía llamada a pronunciarse. Es normal que se exija ese margen mínimo de participación, pues si no, hipotéticamente, en una votación muy minoritaria se podría echar a quien se quisiera con tan exiguo respaldo, y eso, la verdad, tampoco tendría ni tiene mucho sentido.

Por poner un caso en concreto, para poder destituir a una o un edil local se requiere que el margen entre quienes piden su destitución y quienes le apoyan sea al menos de un diez por ciento del censo absoluto implicado, y este margen va creciendo a medida que el puesto es de más amplia responsabilidad. 

Sí, es cierto que, con este sistema, y siempre en teoría, una persona electa posteriormente rechazada podría tener margen, técnicamente, para mantenerse en su función hasta las siguientes elecciones generales ordinarias, aunque una mayoría absoluta del censo la rechazara, si no se alcanzara el margen requerido. Pero claro, al cabo del período para el que fue electa, ya no le valdría el truco, y de hecho, para no hundir tontamente sus carreras, siempre que la participación en la votación sea o haya sido mínimamente significativa, suelen dimitir cuando, por el margen que sea, obtienen más rechazos que apoyos. 

Los puestos electos son los peor retribuidos de todos los curros, porque su coeficiente es, en todos los casos, del 1'3, y no se decidió privarlas de toda remuneración, como sí sucede con las médicas, porque se estimó que ello habría sido darles a nuestras gestoras electas más importancia de la que realmente en sí tienen, así que la cosa quedó así. 

No obstante, no suelen vivir muy mal, porque siempre tienen detrás algún grupo humano o partido político más o menos organizado que les complementa el sueldo a su antojo, aunque sin pasarse tampoco, claro, un excesivo nivel de retribución interna o "de partido" acarrearía la inmediata impopularidad del o la afectada y el consiguiente previsible final u ocaso de su carrera, porque aquí todo es transparente de verdad. 

Y es que una nada deplorable consecuencia de esa transparencia es la de que, pese a que eventualmente sigue apareciendo de vez en cuando alguna o algún tarada atontada que lo sigue intentando, hace siglos que logramos que el fraude fiscal se convirtiera en un delito imposible de cometer, situación que, por cierto, aprovechamos para deshacernos definitivamente de las cárceles, de las que tales defraudadores ya eran sus únicas usuarias en aquellos aún convulsos tiempos del final del período de las Grandes y Radicales Reformas que cada año conmemoramos en las ya mencionadas fiestas de la Renovación Democrática. 

En resumen, que, en el mundo actual, la Humanidad ha crecido notablemente en su dimensión social, y ese indudable crecimiento se ha producido, precisamente, a partir de la intesificación del personal e intransferible esfuerzo individual de cada una de todas nosotras.

La Administración Redistribuidora tiene la obligación y, como no podía ser menos, la cumple al cien por ciento, de proveer de un puesto de trabajo público, digno, adecuado y debidamente remunerado, a quien así lo demande. Ítem más, está obligada también, en lo posible, a ofertar empleos asalariados en el sector privado a quienes así lo deseen, y en este caso la tasa de cumplimiento es de un nada despreciable noventa y ocho por ciento, la mayoría, claro, en cooperativas o bajo empleadores autónomos, que son aquellas que no tienen más de cinco asalariados ni tampoco se han querido constituir como pequeña empresa privada. 

Como no cabía imaginarlo de otra forma, desde la ReEvolución las condiciones laborales, en todos los sectores, han sido fijadas y las seguimos fijando unilateralmente las propias trabajadoras, porque nadie puede conocer mejor que nosotras mismas las características y especificidades de nuestros propios puestos de trabajo, ni las necesidades organizativas, los requerimientos de maquinarias, materiales o conservación, cómo afrontar las puntas o valles de demanda... De lógica elemental, vaya.  

Lógica elemental que, sin embargo, no alcanzó tal coherencia hasta que, al pasar a ser los beneficios de una buena práctica laboral un patrimonio realmente compartido por la Humanidad y no usurpado por una ínfima parte de ella, el enfoque de las trabajadores sobre estos temas pasó a ser otro muy diferente y, por la cuenta que nos tiene, bien que sabemos resolver, hallando las soluciones más idóneas, cualquier conflicto de intereses de orden laboral que pueda plantearse. 

Con ello, hoy sí que ya no tiene sentido vaguear o trabajar mal porque sí, ni nadie lo hace, sino que antes al contrario, el trabajo, en general, lo desarrollamos con prontitud, pulcritud y perfección, es decir, seríamos la pesadilla perfecta de trabajador o trabajadora eficiente que tan temida era en otras épocas por sus compañeras de trabajo. 

Pero claro, eso era cuando, insisto, el fruto del esfuerzo laboral se lo llevaban en buena parte particulares y no el conjunto social por igual, así que hoy en día lo de ser eficiente en el curro se contempla de otra manera, mayoritariamente elogiosa, pues conseguir ser eficiente es sencillamente considerado una positiva habilidad más, dado que el trabajo, en nuestra sociedad, por encima de todo es sencillamente una cuestión de compromiso y solidaridad social. 

Además, y aunque esté mal que lo diga precisamente yo, dado el tipo de curro que tengo, entregarse a trabajar intensamente y lo mejor posible, compitiendo nada más que con nuestros propios límites, a menudo puede constituir en sí mismo una gozada y una satisfacción, aparte de un ameno entretenimiento. Pero claro, todo ello siempre que, cuando se requiera, se puedan efectuar las debidas pausas o desconexiones. 

Es verdad, y evidente, que ello coadyuva a que exista un cierto nivel de voluntaria autoexplotación, pero es que en la actualidad, como siempre, quienes generan las plusvalías que permiten vivir a las laboralmente ociosas son las currantes y nadie más que las currantes, y de tal margen de voluntaria autoexplotación todas sabemos que depende no tan sólo, como ya se dijo, la viabilidad de nuestra sociedad, sino también su mayor o menor nivel o ritmo de prosperidad.  

Pero, en general, el invento funciona bastante satisfactoriamente, porque aunque nuestro placentero transcurrir por la vida se basa entre otras cosas, qué duda cabe, en que transitamos por ella con una fe prácticamente a prueba de bomba, tal fe cuasi ciega la fundamentamos y depositamos exclusivamente en las posibilidades que nos puedan abrir o brindar nuestros propios actos personales, y en nada más. 
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En fin, me pregunto qué tocará ahora, según el siniestro guión que van consiguiendo imponerme, si bien presupongo que, más o menos, irá en la línea de la aparición de algún brote psicótico en mi comportamiento en el que cometeré alguna barbaridad, y ello refrendará definitivamente a la gente, si hiciera falta (que personalmente pienso que no), lo malvado que soy, el extremo grado de peligrosidad que encierro, y la gran labor y lo muy agradecidos y agradecidas que, como sociedad, debéis estarles a mi hermano y mi sobrino, los artífices principales e iniciales de la ruina emocional de mi compañera. Así que, ¡felicidades, AMT, por esta gran y (eso sí) trabajada victoria! 

Pero, al menos, mientras habéis perdido vuestro tiempo conmigo, no lo habéis podido dedicar a urdir o llevar a término mayores maldades, me alegra haber sido tu puta que, mientras te ha distraído con mis relaciones eróticas, ha permitido a otras personas no verse laceradas, o no tan intensamente, con el peor de tus látigos: tus deseos de que todos y todas muramos, y te dejemos en paz, a ti y al reducido núcleo de nazi-pitagorines que puedas ir encontrando por ahí. 

Bueno, pues, insisto, ellos sabrán, ya que para algo, si existieran, gente como ellos no son sino la viva encarnación o presentación con aspecto humano de lo que, para entendernos, denominaríamos como Satanás.  

Y no te puedes quejar por eso: una persona que se comporta como lo has hecho tú conmigo, ¿encima va a andar quejándose de la denominación que, en justicia, más se le aproxima, si es que, en efecto, no hay una total identidad? Satanás, no hay más, y a no quejarse, pues es el precio de tu victoria. 

Si estoy loco: ¿qué problema puede haber, entonces, en que te defina así? Yo es que no veo ninguna dificultad: ¿verdad, Satanás AMT Martínez? Sí, sí, Martínez, porque la maldad la introdujo tu madre, mi hermano no era así hasta que la conoció y se lio con ella, abandonándome a mi suerte y a los maltratos de otro hermano. 

Esa es la verdad, constatable verdad, hay muchos más Turieles vivos aún que podrían dar fe de ello, pero a quienes para nada pienso molestar. Y también hay quien puede dar fe de lo mucho que os quise y os bientraté de niños, y la locura de tu padre de sumarse a esto, aparte de por el afán de rapiñar hasta el último euro posible de donde sea, radica en su no apagado rencor, que le atormenta aún en su vejez, tal vez más que nunca, arraigado en que ni él ni tu madre nunca pudieron aceptar, hasta el extremo de hacérsele insufrible, el ver cómo sus hijos me recibían siempre con alborozo y corrían a acercarse a mí, mientras a ellos les hacían el mínimo caso imprescindible, y se venían hacia mi. 

Pues bueno, ex-querido hermano leonés, si ya con tantos años rebasada la edad en que adquirimos conocimiento, aún no has comprendido que el cariño y el amor de los niños no es una cosa que se arrebate ni que ni siquiera se puedan arrebatar unos a otros las personas mayores, sino que sencillamente los niños quieren a quienes quieren, y no por pasar a querer, o querer más, a oras personas, dejan de querer lo que quieren a quienes quieren, si aún no lo has entendido, pues vaya... 

Sin embargo, es obvio que no lo quieres aceptar, pues, de haberlo hecho, nunca habrías entrado en tan absurdo círculo de auto estúpìda negación de que también era un hecho que yo los quería más que vosotros. Pero no, oye, ¿la solución? ¿vengarse de alguien por tu propia falta de comprensión y madurez hace nada menos que treinta y sies años? ¿No es eso lo que dijiste en esa carta acusatoria tan oportunamente escrita en refrendo de la agresión de tu hijo contra mí, al meter la ley por medio, parte de esa bonita trama en la que también cruzasteis en mi vida, fingiendo que era un admirador, a ese chico de Benabarre menor de edad? ¿Quién es quien tiene una mente realmente enferma aquí? 

saludos cordiales, ¿para qué pedir una solidaridad que sé que, de todos modos, nunca se producira?  
ET & forrest gump. 
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a7.com.mx

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3 comentaris:

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    Si se han fijado, a diferencia de lo que hago en mis otros blogs, en este la dedicatoria inicial de mis posts va dirigida exclusivamente a lectores o lectoras estimadas.

    Y, la verdad, a la Plaga Emocional yo no me la estimo, por lo que, en defensa de tal hipotética lectora o lector, cualquier comentario de sus agentes aquí será trasladado, más pronto que tarde, al departamento de las basuras, o sea, al blog de defensa o a su sub-blog.

    ¿Qué pasa? Este es un blog Sagrado, siempre lo he dicho, y las miserias que puedan verter tipos como ellos o Klarita ni siquiera las destruyo, sino que sólo las acumulo donde molesten menos, eso es todo.
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    Respostes
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      He de reconocer que me equivoqué en lo referente a Klarita, pero en nada más.
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    @Doménech, mi amigo imaginario predilecto ;-)

    Hace ya algún tiempo, pero no demasiado, te comenté aquí, en un post ya bastante antiguo, sobre lo que las psicofonías me decían e insistían (e insisten) siempre sobre ti.

    Bueno, pues ahora, quien ha de dirigirte esa misma expresión, como te he dicho más arriba, soy yo a ti:

    http://etyestacrisis.blogspot.com.es/2012/10/propuesta-de-lingua-franca-para.html

    Error --- NOT FOUND ---

    ¡lo siento, tú! O, si lo prefieres, ¡ho sento, tu!

    salud.
    eladio sandín santiago.
    ..

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