diumenge, 17 de febrer de 2013

Las Tres Leyes de la BioHumánica (II)

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Queridos lectores o lectoras:  

Bien, pues ya sabéis, veníamos de aquí... 

Texto del futuro, año 28.251, genérico gramatical el femenino.. 


Voy ahora a intentar exponer cómo el camino evolutivo cultural, a lo largo de esos tres millones de años que carga a cuestas la Humanidad, nos ha conducido a dos importantes desfases en función de que seamos varones o mujeres. Habrá reiteraciones, claro, pero es que, por más enojosas que puedan llegar a resultar, tales reiteraciones no dejan de ser una forma como cualquier otra para intentar insertar en vuestra memoria algunos mensajes clave sin que por ello me proponga mirar de manipularos o lavaros el cerebro más allá de lo obvio, imprescindible, je, je, y ahora mismo aquí abiertamente confesado. No, en serio, es solo que desde siempre se sabe que la repetición es, sin duda, una de las más importantes y fiables herramientas de memorización. 

Bien, recuperemos el hilo, y al tanto, que estábamos hablando de la Segunda Ley, no de cualquier cosa. Dos desfases. Por una parte, y frente a unos varones cada vez mejor "programados" para entregarse a follar más y más, el camino evolutivo cultural no parece haber primado especialmente a las mujeres más promiscuas a lo largo de nuestra historia, sino que, antes bien, hasta como quien dice el día de ayer, fueron excomulgatoriamente tildadas sin más de putas, y socialmente siempre se miró de, en la medida de lo posible, hacérselo pagar condenándolas a la marginalidad y al oprobio. 

A las putas en sí (contra quienes, por otra parte y en líneas generales, tampoco tengo nada especialmente negativo que decir), no les fue desde luego mejor, ni merecieron tampoco el trato que recibieron. Pero ahora estábamos refiriéndonos a quienes fueron acusadas de serlo sin serlo, por el simple hecho de su mayor liberalidad en las relaciones erótico afectivo emocionales, justo aquello que difícilmente daban las profesionales del ramo. 

El segundo desfase, y paso a exponerlo, tampoco es que corriera mucha mejor suerte como quien dice hasta hace nada. Mientras que, como la realidad nos demuestra constantemente, los conceptos limpieza real y orden aparente van inextrincablemente unidos a la realidad de la inmensa mayoría de las mujeres, a los varones que, a lo largo de la historia conocida, se interesaron por tal concepto e incluso intentaron ponerlo parcialmente en práctica, se les tachó, sin más, de maricas, mariquitas o maricones, es decir, poco aptos para reproducirse (y también sin que tenga nada especialmente en contra de tales colectivos más o menos gays)

Sería bueno recordar, también, que en su momento dijimos que la mejor forma de ahorrarse conflictos severos es procurar, en lo posible, no poner en contradicción la razón con las primeras leyes de la BioHumánica.

Bien, pues ahí está el hecho irrebatible (siendo absurdo, por tanto, cargar contra ello) de que, si para algo somos aptos y estamos genéticamente super preparados los varones, es ni más ni menos que para poder lograr alcanzar el máximo nivel posible de multigamia o poligamia. 

Por ello (y por más razones, claro), cuando dejada ya muy atrás la larga Noche de la Humanidad, el éxito reproductivo de nuevo pasó a ser, como en vuestros tiempos, más un grave y acuciante problema que no ventaja alguna, se plantearon, esta vez con éxito, nuevos o recuperados esquemas de organización social alternativos a la monogamia exclusivista e institucionalizada, y no tan frontalmente opuestos como ésta a lo que es y significa la segunda ley de la BioHumánica para los varones. 

¿A alguien se le ocurriría nunca imponer a la totalidad de las mujeres un modelo social que desde pequeñitas implicara el constante reproche de que eso de andar teniendo hijos está muy mal y no se ha de hacer, limpieza nula y prohibida, y no más nacimientos, durante toda la vida, de un hijo por cada cien mujeres, que el resto de la descendencia necesaria en su caso para mantener la especie ya la produciríamos por decantación? 

Pues algo así, ¡vaya si se repite la historia!, fue lo que padecieron los varones bajo los patriarcados, el vuestro y el nuestro, quizá como adecuada recompensa a tal imposición, instauración o reinstauración, que les dio, como siempre y como no podía ser de otra forma, los frutos contrarios a los que pensaban de tan ominosa opresión obtener, aunque tampoco sería conveniente perder demasiado de vista aquí que quien realmente se estaba equivocando era la especie en su conjunto, no solamente los varones, ni todos los varones, y quizá, incluso, ni siquiera principalmente los varones. 

En todo caso, quien, en su conjunto, igualmente salía sin duda gravemente perjudicada, era la especie, y no solamente sus individuos aislados, por lo que no tiene demasiado sentido insistir, más allá de lo oportuno, en ningún reparto de "responsabilidades" en función del sexo fisiológico con el que nació cada cual. 

Pero bien, al margen de aquellos irreductibles varones (a menudo denostados e incomprendidos por todos y todas) que, desde la más absoluta transparencia y sinceridad, siempre observaron una conducta definitivamente bastante apartada de la socialmente impuesta, es sin embargo legítima la atribución de una mayor responsabilidad genérica masculina respecto del tinglado patriarcal y su indefinida continuidad, pues la realidad es que, una vez unilateralmente definidas, desde y por ese dominante sexo, las reglas del juego, resultó de lo más fácil encauzar a la sojuzgada mujer hasta convertirla en la principal y más acérrima defensora de la monogamia. 

Nada más fácil, pues, para ellas, esa defensa a ciegas del tinglado no es ya que resultara clave para poder satisfacer en las mejores condiciones posibles las ineludibles demandas de su Segunda Ley, tener bebés, sino que sencillamente era ya tan solo una cuestión de mera supervivencia física y salud mental, pura y dura Primera Ley, en un mundo de por sí emocionalmente tan restrictivo, y en donde no eran nada ficticios los riesgos que a menudo entrañaba el eventualmente intentar abandonarse a prácticas más abiertas o desinhibidas, pues tampoco es que fueran tan escasos los comportamientos agresivos de los varones ante la perspectiva de que "su" mujer pudiera tener también otras relaciones, o los procedentes de otras mujeres, alarmadas porque aquella maldita zorra quería quitarles a "sus" maridos. 

Así pues, ¿qué otra cosa podrían haber hecho las pobres que defender aquello incondicionalmente, dado que libertad, libertad de verdad para elegir otro modelo tampoco tenían? Vaya, pero si hasta hubo quienes,  durante siglos, les negaron la posibilidad de que, al igual que los machos de la especie, su pecaminoso cuerpo albergara también un alma más o menos inmortal. Bien, eso solamente os pasó a vosotras, es obvio que nuestra refundada civilización no cayó exacta, exactamente, en los mismos errores que la vuestra, y lo de llegar a negarles el alma o hacerlas ir "voluntariamente" tapadas de pies a cabeza, cara incluida, nunca ha sucedido en nuestra actual Era, año 28.251 de vuestro cómputo, os recuerdo una vez más.

Pero claro, ese entorno social totalmente opresor de su verdadera libertad personal a todos los niveles tampoco exculpa por completo, a ese segmento femenino de la humanidad, de la barbaridad de pretender que la monogamía había de ser la luz y guía de todos los comportamientos porque las mujeres, siempre iguales o superiores en el plano emocional, y sin duda más sensibles, también debieron de reflexionar adecuadamente sobre la rotunda y flagrante falsedad de los discursos que denegaban toda posibilidad mental de simultanear más de un enamoramiento. 

Claro, como se hacían su no existente picha un lío con lo del sexo, (básicamente visto hasta entonces, por multitud de ellas, más como un problema que no otra cosa), eran incapaces de diferenciar conceptos, y reflexionar, en exclusiva, sobre lo que significa estar enamorado: poner los intereses de la otra persona por encima de los propios, y vivir por y para ella antes que por una misma. 

Pero era patente la realidad de la perfecta simultaneidad de los enamoramientos, al menos por parte de las mentes mínimamente sanas, porque, dejando el tema de la adecuación de lo erótico a su debida dimensión, ¿qué diferencia más hay entre un enamoramiento pasional por, pongamos, un varón o una mujer adultas, o un enamoramiento igualmente intenso o absorbente, bien, en realidad bastante más, por esas alucinantes sujetos también denominadas bebés, y a quienes quizá, también, siempre quisiéramos tener entre nuestros brazos? ¿Y no se podían y pueden simultanear y compaginar perfectamente tales enamoramientos? Si adorabas al bebé, ¿ya no serías capaz de seguir adorando a la madre o viceversa? ¿No es esa compatibilidad una situación mejor y más feliz para todas, empezando por una misma? 

Sí, los tíos también deberían de haber reflexionado sobre ello, pero es que las mujeres no podrían haber dejado de pensarlo, pues una madre que verdaderamente no esté enamorada de sus hijas al menos mientras éstas son pequeñas o muy pequeñas, nunca debería de haber sido madre. 

Sea como fuere, las mujeres de nuestra época no dan crédito a que en el pasado las cosas fueran así, y afirman que todo ese rollo de la monogamia y demás son inventos de las historiadoras, cuyos escritos o documentales, como siempre ha sucedido, es cierto que no suelen contar o relatar ni una sola verdad sobre lo realmente acaecido en épocas pasadas. 

En todo caso, parece mentira a qué extremos de contradicción llevó el patriarcado, los propios varones propiciando su "auto eunucación" (palabra que, si no existe, debería de existir), mientras que las mujeres, al menos, pudieron seguir siendo limpias y teniendo algunas hijas o hijos no siempre indeseadas. 


...y bueno, la próxima será la última entrega de esta especie de recopilación general sobre el tema. 

saludos cordiales. 
forrest gump. 
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2 comentaris:

  1. Qué pena que un blog tan interesante como este no tenga participantes. Hubiera sido lindo tener más opiniones en estos temas.

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    Internet está lleno de bobadas, pero también de blogs o webs bastante o muy interesantes, o "diferentes" (y muy probablemente mejores que éste), donde no sólo no comenta nunca nada ni Dios, sino que ni siquiera se conocen, los conocemos o los leemos.

    Así que ya es normal que un blog, como este mío-nuestro de la Magia, no tenga más participantes, y lo raro, de hecho, sería lo contrario, que se conociera y difundiera a tope.

    Aunque, por supuesto, a mí ya me parecería bien X-D esa posible difución o participación masiva, por eso está permanentemente abierta la zona de comentarios.

    Y gracias por comentar, por supuesto :-) !!

    ET forrest gump.
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