dijous, 27 de desembre de 2012

El Edén era la Irracionalidad (I)

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Querido lectorado: 

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---[ LARGO PROLEGÓMENO, MAL COMENZAMOS :-D 

atentos y atentas: 

lo que sigue, por variar, no es sino una copia fidedigna de lo que me es permitido copiar, aquí y ahora, de ese texto del futuro de marras que todo lo aclara, empezando por la indudable existencia de dios que ya os relaté en su momento, y que tanto gustó o, al menos, sigue siendo el post más visitado de este blog.

Esta primera parte, que puede resultar un tanto árida según como se mire, es, sin embargo, un paso previo, y preciso, para la mejor comprensión y ubicación de lo que se publicará en la próxima (segunda y última) entrega de esta serie. 

Adicionalmente, hay un pasaje claramente redundante con el post precedente de este blog, pero, por respetar, en lo posible, la integridad del texto original... 

Y que nadie se ofenda, por favor, por sus contenidos (que hasta he "censurado" una cosilla), tampoco pienso que el texto tenga voluntad de ofender, sino tan sólo de aclararnos determinadas cosas, y esa función sí que la puede cumplir :-) 

En fin, es un texto del futuro, y a veces es verdad que dice cosas directamente la mar de estrambóticas o excéntricas, pero yo qué le voy a hacer :-D ]--- 

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"Sagradas Escrituras", en realidad, bien pocas hay. 

Sí, "Escrituras Sagradas" hay más, bastantes más, aunque, por desgracia, sin sobreabundar ni mucho menos. Pero, vaya, ahí están (siempre citando obras de vuestra época, claro, de nada serviría que os hablara de las posteriores, para vosotras futuro remoto o muy remoto) La Ilíada, El Ramayana, el Majábharata, cierto poema sumerio-mesopotámico cuidadosamente publicado, pero nunca debidamente publicitado en Occidente,...  

En cambio, lo que se dice "Sagradas Escrituras", bien poca cosa son en realidad, pues solamente tienen tal carácter de "Sagradas", o sea y hablemos claro, de fuente o inspiración extraterrestre, las que relatan la historia colectiva de la humanidad, siendo el resto nada más que la basura de la historia particular de uno u otro pueblo en concreto de los muchísimos que la Tierra ha ido albergando.

Por lo tanto, si bien alojadas en un tocho la mar de gordo, "Sagradas, Sagradas" solamente son las "Escrituras" recogidas en los once primeros capítulos del Génesis, y en los capítulos doce hasta el final del Apocalipsis, así que pasemos a verlos y comentarlos más en detalle, más alguna otra cosilla (de la Biblia, sí, aunque de la cristiana) 

No hay más. Los once primeros capítulos del Génesis se incorporaron, gracias a los tejemanejes de las extraterrestres "buenas", cuando las circunstancias lo permitieron, ocurriendo ello con posterioridad a la redacción de éste y otros libros de la Biblia. 

Pero no pudo ser de otra forma, pues la preexistencia de otros textos no alterados en el transcurso del tiempo era la única garantía de que aquella gente efectivamente preservaría otro nuevo con la misma pulcra exactitud con que ya lo había hecho con el resto del Pentateuco o Torá que, por lo demás, lejos de toda dimensión o validez universal, en general no es nada más que la descripción de las ominosas "hazañas" locales y otras atrocidades que las malas extraterrestres, constantemente "nube" para aquí y "nube" para allá, iban cometiendo sobre las humanas, o propiciaban que éstas se las infligieran a sí mismas mediante guerras, afanes de conquista, y demás desmanes tan caros a aquella mala gente.

En cuanto al llamado "Nuevo Testamento" por las cristianas, salvo lo recogido en los capítulos doce y siguientes del Apocalipsis, el resto, en su parte aún relativamente interesante, no es nada más que la descripción, por partida cuádruple, de las andanzas más o menos edificantes de un personaje, real o imaginario, aquejado al parecer de graves trastornos o desórdenes bipolares, ya que tan pronto decía que había que amar a todo el mundo, y así lo hacía (si hasta los niños lo hallaban majo y adorable para ser una "persona mayor"), como, de pronto, pasaba a emprenderla a latigazos, golpes y mamporros contra quienes, revestidas de no menos dignidad que las demás, no hacían sino proveer un servicio a la comunidad, el del cambio de moneda, equiparable con cualquier otra ocupación comercial, pues no aplicaban en ello más usura que la habitual y general. 

O bien, ya te digo, el tipo pasaba a amenazar, sin más, prácticamente a todo quisque, con las eternas tinieblas y el no menos eterno crujir de dientes, de lo que lo único que cabe deducir es que se ve que en ese otro mundo los dientes debían o deben de ser de una calidad de la hostia, toda la eternidad crujiendo sin nunca desgastarse o acabar de quebrarse del todo, y tal vez si los de verdad hubieran tenido aunque solamente fuera una aproximación a tal nivel de calidad o cualidad, no nos los habríamos arrancado como es nuestra costumbre, no haciendo, con tal actuación por nuestra parte, sino seguir al pie de la letra uno de sus explícitos mandatos sobre cosas que nos escandalizaran y demás, je, je... 

No obstante la quizá excesivamente desenfadada o hasta jocosa exposición acabada de hacer acerca de lo que tales textos reflejan, e independientemente de cómo fueran la realidad o el presunto individuo propiamente dichos, se ha de reconocer que, tanto las descripciones que de él se daban como las de sus obras, tenían también sus cosas buenas. Aquello de que el verbo se encarnara estaba muy bien, y eso es lo que literalmente han hecho nuestras extraterrestres, si bien aquí se presentaron ya en edad adulta, aunque se hubieron de desarrollar como niñas en una zona de un exoPlaneta que se acondicionó ex profeso a tal efecto. 

Pero no nos volvamos a deslizar por esa senda ya relatada, y volviendo a los evangelios, se ha de reconocer que también lo de las bienaventuranzas es una pasada de sabiduría, aunque poco distante del preexistente saber espiritual oriental, y desde luego resulta obvio que algunas se han cumplido constatablemente, como la de que las mansas, en efecto, hemos heredado la Tierra, por ser las únicas que hemos tenido tal oportunidad. 

Sí, sí, es así. Dediquémosle el espacio que sea preciso, pero no neguemos lo que irreversiblemente fue como fue o ha sido. 

Las pacíficas sufrieron mucho en ese transcurso de nuestra historia, qué duda cabe. Pero, aunque muy frecuentemente esclavizadas, mayoritariamente sobrevivían (y nadie querría esclavas enfermas y tullidas), porque lo de morir, ser asesinadas o quedar mutiladas, a quienes les sucedía con comprensible facilidad tales cosas era a las violentas en sus enfrentamiento entre ellas, salvo, eso sí, en breves excepciones temporales como vuestra época y sus novedosos "daños colaterales", que no eran sino un aviso de lo que por uno u otro camino vendría después, la humanidad y su triunfal regreso al Neolítico (y suerte que no fueron o fuimos a parar aún más para atrás, porque, como agotasteis casi todos los metales, pues de la edad de los imperios a los tiempos de las cavernas en atajo directo :-D) 

Y sí, los enemigos del alma eran tres, quien quiso ya lo comprendió hace mucho, y sí que el "mundo", con sus rutinas e inercias del devenir cotidiano, es algo que nos puede llegar a encorsetar en exceso. Pero en lo de la "carne" no se pudo desbarrar más identificándola con el sexo, cuando la referencia era literal, su ingesta habitual incrementa la agresividad, llena nuestro organismo de sustancias tóxicas, y requiere de un dispendio energético por promedio cinco coma cinco veces superior a lo que costaría proveerse de idéntica proporción de proteínas, hidratos de carbono y grasas basándose en fuentes exclusivamente vegetales. 

Para completar el cuadro, decir que, en cuanto a lo del "demonio", podemos afirmar que al único al que realmente se ha de temer es al conjunto de la suma de las individualizadas acciones humanas malvadas (espero que este escrito no sea una de ellas :-D), aunque como ahora somos de otra manera, tal ente, que de existir sería en el Parauniverso y no en otro sitio, ha perdido prácticamente toda su influencia sobre nosotras. 

Pero volviendo a las de verdad escrituras "sagradas", no hubo el pobre de "San Juan" de introducir fárragos y apuntes (que a la larga generaron innecesarias reiteraciones en el texto), para así llenar los once capítulos previos que se le indicó que necesariamente habían de existir antes de comenzar el relato de lo que verdaderamente vio y oyó. El pobre no entendía nada, y suspiró aliviado cuando se le dijo que podía rellenarlos incluso con esas cartas que tenía pensado de todas formas redactar, o algo por el estilo. 

Pero es que tenía que ser de ese modo, porque ya existían los once capítulos del Génesis y quienes con él se comunicaron tenían muy claro que así facilitaban a las futuras usuarias el poder recordar y localizar con precisión cuál era de verdad el texto "sagrado" global y qué no eran, a su lado y en el mejor de los casos, nada más que menudencias, salvo lo de la "nube" para aquí y para allá, que sí que revestía cierta interés e incluso importancia, (¿"Nube" separando tal vez las aguas del mar aquel que, en zona de por sí ya poco profunda, permitió pasar a Moisés, aguas que, acto seguido, de inmediato se cerraron o volvieron a su situación natural para así no permitirle posteriormente franquear tal mar al faraón?) 

Tanto esfuerzo de transmisión del saber como representó el haceros llegar esos en total veintidós capítulos, y todo en balde. El epílogo del Apocalipsis también se "reveló", pero solamente a modo de curiosidad, para que pudierais intuir cómo las pasó de verdad el pobre "San Juan". Pero luego se arrepintieron de haberlo dado a conocer porque, posteriormente, se introdujeron en tal epílogo algunas cosas espúreas y bastante desacertadas, que seguramente habrían sido igualmente añadidas en cualquier otra parte de no haber existido esa parte final, ya, pero nunca se sabe.

Todo en balde, y todo ello cuando además resultaba que nuestras extraterrestres de sobra sabían que las corrientes humanas que estaban mucho más cerca del saber eran, sin duda, las concepciones espiritualistas orientales. Pero claro, no tenían, en cuanto a la inalterabilidad, tanta fiabilidad, puesto que la transmisión escrita de su conocimiento la iban constantemente actualizando, perfeccionando o mejorando, y esas mejoras se traducían en alteración de los textos, lo que chocaba frontalmente con la voluntad de que las "Sagradas Escrituras" se preservaran textualmente y al pie de la letra, o casi, durante milenios, por lo que, en realidad, poco "campo" tuvieron nuestras extraterrestres donde poder elegir las idóneas "depositarias". 

saludos cordiales. 
ET & forrest gump. 
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